Supongo que han leído la noticia. Se publicó en este mismo periódico y desvela un posible error sonoro según el cual los dinosaurios no rugían o gritaban como en Jurassic World sino que probablemente cantaban como los pájaros. Hablamos de un fatal malentendido que atañe a criaturas que desaparecieron hace 65 millones de años y que podría suponer que hubiéramos estado imaginando el pasado de forma incorrecta desde nuestra más tierna infancia. El fósil de laringe encontrado no solo vendría a probar el canto del Tyrannosaurus rex sino también el hecho de que una no puede fiarse de la memoria. Porque ¿qué pasaría si el pasado no fuera en modo alguno como lo imaginamos?
La garganta del Pinacosaurus grangeri (dueño de la laringe encontrada) viene a retar la memoria de todos y no se refiere solo al hallazgo paleontológico sino también a la memoria viva, a la colectiva, a la familiar y a la relacional de todos y cada uno. Me pregunto, por ejemplo, si mi abuelo paterno, a quien no conocí, cantaba o rugía. Y comprendo que la memoria forma parte de mi inconsciente, en el sentido de que forma parte de aquello que no sé de mí. O sea, que no puedo saber si mi abuelo cantaba o rugía y que además es imposible que llegue a saberlo nunca. Porque, en realidad, no hay un pasado objetivo sino más bien uno que siempre estamos investigando. Y lo mejor de todo, lo que nos vuelve definitivamente humanos, es que el propósito de esta investigación no es conocer la verdad sino más bien alcanzar la integridad personal, es decir, unir nuestro pasado con nuestro presente y futuro. En el fondo, a eso vamos al psicoanalista, no a desvelar secretos (o no solo), sino sobre todo a conquistar nuestro bienestar emocional.






