El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acudió este miércoles al Congreso de los Diputados con un objetivo: demostrar ante la mayoría que lo invistió en 2023 que ha reaccionado al encarcelamiento de quien hasta hace semanas era el secretario de Organización de su partido, Santos Cerdán, por armar una supuesta red de corrupción que incluye también a su antecesor en el cargo y exministro de Transportes, José Luis Ábalos. Aunque solo parcialmente, lo consiguió.
El pleno, en realidad, fueron tres: uno en el que Sánchez se explicó ante unos socios —que no se dieron por enteramente satisfechos— y otro en el que el PSOE y el PP —extremadamente bronco este miércoles en su ansia por forzar un adelanto de las elecciones— se echaron a la cara sus respectivos casos de corrupción presentes y pasados. El tercero lo protagonizó Vox, que acudió a la Cámara exclusivamente a repetir su discurso extremista y a mantener viva la disputa preelectoral con los populares en la que se hallan inmersos.
Ante los grupos que le apoyaron tras el 23-J, Pedro Sánchez pidió disculpas por el caso Cerdán y se hizo cargo de la decepción de la ciudadanía, pero defendió la obra de su Gabinete. También presentó una batería de 15 medidas contra la corrupción elaboradas siguiendo los patrones de la OCDE.







