Para que la cadena de seguridad de un producto esté bien engrasada es imprescindible la mirada crítica y atenta de los consumidores. Sobre todo, si se pone en peligro a los más vulnerables, los niños. En pruebas recientes se han revelado incumplimientos en chupetes y bicicletas de juguete disponibles en el mercado de la Unión Europea (UE). Los análisis, realizados en el marco de las Actividades Coordinadas sobre Seguridad de los Productos (CASP) de la UE en 2024 mostraron que, de los 15 productos analizados, más del 40% incumplía al menos uno de los requisitos de seguridad.
Prevenir es fundamental. Pero, a veces, la excesiva tranquilidad con la que se abordan las compras impide mirar los artículos con el recelo necesario: el 68% de los consumidores europeos confía en la seguridad de los productos que adquieren, según datos de la UE de 2025.
Las preguntas que se debe plantear el usuario abordan muchos ámbitos: ¿El producto viene con advertencias? ¿Están las instrucciones en el idioma correspondiente? ¿Tienen marcadas las siglas de la conformidad europea (CE)? ¿Aparecen los datos de contacto? Hacer todas estas comprobaciones es imprescindible para evitar cualquier accidente, además de las recomendaciones específicas para cada producto. Por ejemplo, que los portachupetes se pueden romper fácilmente o tener pequeñas piezas desmontables que generen atragantamientos en los más pequeños; que para utilizar la bicicleta los niños deben contar también con un equipo de protección individual, como casco, coderas y rodilleras; o que el juguete de slime (una masa viscosa que en algún momento quieren todos) solo se debe comprar de marcas y vendedores de confianza.






