El presupuesto de Defensa de EE UU en 2025 es de 1 billón de dólares americanos, equivalente al PIB español. Las primeras firmas en presentarse a concursos públicos (y ganarlos) fueron Palantir y Anduril, reminiscencias de El señor de los anillos y firmas tecnológicas de Silicon Valley. Cuando aviones de combate protegen el espacio aéreo de Washington, tras los ataques ordenados por Trump a las instalaciones nucleares iraníes, es oportuno recordar que las guerras, hoy, son más high-tech que nunca.
Desde siempre, el sector tecnológico estadounidense ha estado fuertemente vinculado a la defensa. Trump despertó dudas en campaña electoral sobre la continuidad de esta tradición, dado su mensaje antibelicista, que criticaba por igual a Bush y Obama, por las guerras de Irak y Afganistán. La salida de Estados Unidos de Afganistán no pudo ser más ignominiosa y peor gestionada por Biden. Mucho peor que la huida de Saigón de 1975, a pesar de las promesas de Biden en sentido contrario.
Leon Panetta, secretario de Defensa con Obama, defendió el domingo la decisión de Trump de atacar a Irán, en CNN con Wolf Blitzer: “No tenía otra alternativa”. El sector tecnológico, las big tech, no lo ven en blanco y negro, e intentan sacar oportunidades del gris, que es el color en que se maneja Silicon Valley, desde que Trump es presidente.








