No pudo el Atlético concretar la gesta de ganar al atractivo Botafogo por tres goles de ventaja y se despidió del Mundial de Clubes, una competición en la que dirigencia, cuerpo técnico y jugadores habían puesto mucho foco desde el inicio del curso. Se marcha el Atlético con dos victorias y los mismos puntos que PSG y Botafogo, pero penalizado en el triple empate por los cuatro goles que le endosó el PSG en la primera jornada. De aquellos lodos, estos barros. Sin los dos tantos que encajó ante el campeón de Europa en los últimos diez minutos, el tanto de Griezmann que supuso el triunfo ante el campeón brasileño hubiera valido el pase a octavos de final. El gol llegó demasiado tarde, en el minuto 85. Tuvo alguna ocasión el Atlético para abrir la lata con el tiempo suficiente para construir la remontada, pero no la concretó. Tampoco se lo puso fácil el Botafogo.

Eligió Simeone un centro del campo físico y de llegadores para intentar la gesta. Pulmones, piernas y pegada. La decisión supuso prescindir de Griezmann y renunciar a que este compusiera una tripleta atacante con Sorloth y Julián. Su jugador de cabecera, el mayor talento que pulió desde su llegada al Atlético, no levanta cabeza desde su intrascendencia en los duelos en los que el Atlético se desenganchó de la pelea por los títulos.