¿A qué se debe la mala reputación intelectual del burro? Los estudios científicos que han comparado la cognición entre burros y caballos en aspectos como la inteligencia espacial, el aprendizaje o la memoria, han concluido que ambas especies son similares. Así que tendremos que buscar los motivos en otro sitio y, para ello, es necesario liberarnos de los prejuicios y conocer realmente al burro.

Los burros domésticos proceden del burro silvestre africano, que habitaba montañas semiáridas donde la vida no era nada fácil. El ambiente se caracterizaba por una vegetación escasa, fuentes de agua dispersas y temperaturas muy fluctuantes. Este terreno escarpado contrastaba con las llanuras abiertas y cubiertas de hierba donde vivían los caballos salvajes. Por eso, a pesar de su estrecho parentesco, los caballos y los burros no son tan similares como podría parecer.

En las llanuras suele haber suficientes recursos naturales como para que se formen grandes manadas de caballos, donde los sementales tienen su harén de yeguas. En el entorno natural del burro, donde los recursos son escasos, los individuos tenían que dispersarse, adaptándose a vivir en grupos muy pequeños o incluso en solitario.

En este contexto, los burros salvajes debían comunicarse a largas distancias. Por eso desarrollaron una nariz y unas orejas tan grandes: necesitaban producir ese característico rebuzno tan fuerte y escucharlo desde lejos. Su mandíbula también tenía que ser muy potente para triturar los arbustos leñosos de las montañas, lo que requería un cuello ancho y robusto para soportar la cabeza pesada. Por último, las extremidades cortas eran más aptas para moverse por terrenos difíciles que para la velocidad.