En un discurso de apenas cuatro minutos desde la Casa Blanca, Donald Trump ha celebrado este sábado por la noche el ataque estadounidense contra Irán como suele celebrarlo todo. Ha calificado la intervención de Estados Unidos en el conflicto en Oriente Próximo como el mejor y más “espectacular” ataque que se recuerda jamás. “No hay ejército en el mundo que pueda hacer lo que hemos hecho esta noche”, ha dicho el presidente.
El republicano da el ataque como un capítulo cerrado con la destrucción de las instalaciones iraníes de Fordow, Natanz e Isfahán y ha amenazado a Irán ante una hipotética represalia. “Irán, el matón de Oriente Medio, debe aceptar la paz (...) Si la paz no llega rápidamente, iremos contra más objetivos, con precisión, rapidez y destreza”, ha advertido el presidente, acompañado por el vicepresidente, J.D Vance; el secretario de Estado, Marco Rubio y el secretario de Defensa, Pete Hegseth.
El presidente que llegó al Gobierno bajo la promesa de no intervenir en conflictos bélicos en el exterior ha tardado apenas cinco meses en lanzar un ataque del que en estas primeras horas, más allá de las declaraciones de Trump, se desconocen las consecuencias.
Apenas un día antes, había dado un plazo de dos semanas para tomar una decisión sobre una posible intervención de Estados Unidos. Estos golpes inesperados, con decisiones precipitadas, se han convertido ya en su forma de gobernar. “Te queremos, Dios, y queremos a nuestros soldados”, ha dicho exultante.






