Los obispos hacen sonar su voz con frecuencia en el debate político español. Tras perder su papel central en el Estado con el fin del franquismo, han participado en el juego democrático defendiendo sus posiciones, presionando a gobiernos y legisladores para impulsar o frenar medidas desde el púlpito de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y manifestándose en la calle. Incluso han dado indicaciones veladas de voto que orientaban hacia la derecha, como en 2008 en plena ofensiva contra José Luis Rodríguez Zapatero. Pero esta semana los purpurados han traspasado una línea que nunca antes habían cruzado: han pedido el fin de un gobierno.
La CEE ha entrado de lleno en el escándalo que ahora acorrala al PSOE por la implicación de dos de sus ex secretarios de Organización en casos de corrupción y ha pedido el adelanto de las elecciones. Lo ha hecho reclamando al presidente del Gobierno que ponga fin a la legislatura y convoque comicios, posición justificada por la corrupción, pero que jamás adoptó gobernando Mariano Rajoy a pesar de los escándalos conocidos durante su etapa en La Moncloa y con una dura sentencia por caso Gürtel. El salto es cualitativo y marca una postura inaudita contra cualquier gobierno desde la llegada de la democracia, apuntan varias asociaciones católicas de base y fuentes episcopales. “Se han extralimitado”, subrayan.






