En Mallorca, el viento que va del mar a tierra recibe el nombre de embat. Se trata del típico viento térmico o virazón propio de los meses de calor: comienza a soplar a mitad de mañana y desaparece cerca del anochecer. Muchos navegantes coinciden: el embat es uno de los factores que hacen de la Bahía de Palma un campo de regatas de primer nivel, pero no es el único. Y es que un viento constante y suave no basta para explicar cómo Palma de Mallorca y, en particular, su Real Club Náutico, se ha convertido en icono del verano y en un lugar que remite a la élite de la vela, pero también a estrellas de Hollywood, royals y otras celebridades. Como Cap Ferrat o Capri, esta es una de esas geografías privilegiadas alrededor de las que se construye el mito del Mediterráneo moderno: un mar entero dedicado al placer (de la navegación, gastronómico, cultural o de cualquier otra naturaleza).
Entre 1950 y 1959, el actor Errol Flynn pasó en Mallorca sus últimos años organizando fiestas y travesías en su velero Zaca, que tuvo como base los pantalanes del RCNP. Durante aquellas noches llenas de excesos era habitual que la música mento (precursora del reggae y del ska), que tocaban los tripulantes jamaicanos del yate, se escuchase por toda la bahía. Habían pasado pocos años desde la fundación del Club en 1948, la isla se estaba llenando de figuras de la cultura nacional e internacional (Cela se trasladó en 1954; Joan Miró en 1956) y el Náutico comenzaba a convertirse en referencia tanto de la vida deportiva como de la vida social balear.






