Barrios Orquestados se encuentra en el filo. Este proyecto social lleva desde 2012 montando orquestas musicales en barrios deprimidos de las islas, pero el coste de la vida no perdona. ”Estamos luchando para no desaparecer“, asevera el músico José Brito, fundador y responsable de la iniciativa junto a su hija Laura. La organización ha lanzado una campaña de crowdfunding (titulada de forma explícita La sinfonía de Canarias se apaga) de 120.000 euros que apenas ronda el 50% de su objetivo. “Los apoyos públicos existen, pero son frágiles. Llegan tarde, dependen de la burocracia, de convocatorias competitivas y no siempre cubren lo que se necesita“.
La iniciativa nació en Tamaraceite, una de las zonas más deprimidas de Las Palmas de Gran Canaria (381.223 habitantes). Su objetivo, crear una orquesta compuesta por niños sin acceso a la cultura y provenientes de familias con problemas socioeconómicos. Y todo, a coste cero para las familias: se les da clase, se les presta los instrumentos, y se obliga a los padres a participar en la enseñanza. “No se exige formación musical ni teórica ni técnica. Cualquier persona puede comenzar desde cero”, explica la organización. Esta propuesta pedagógica propia ha permitido saltar barreras sociales y facilitar la entrada a la música de colectivos históricamente alejados de la educación artística.






