Jean-Claude Trichet (Lyon, 1942) explica que es alguien que duerme bien. Dormía bien incluso en lo peor de la crisis financiera que estalló en 2008 con la quiebra de Lehman Brothers, y con la que tuvo que lidiar al timón del Banco Central Europeo (BCE), cuya presidencia ocupó entre 2003 y 2011.
“Más valía, porque de día había que conservar la sangre fría”, recordaba esta semana en el Palazzo Mezzanotte, construido en 1932 por la Italia fascista, y sede de la Bolsa de Milán. En ese edificio se celebró esta semana el foro Young Factor, una conferencia internacional convocada por la organización Osservatorio Permanente Giovani-Editori. Durante tres días, 360 estudiantes de seis países europeos, entre ellos España, se reunieron con banqueros centrales y dirigentes del mundo económico y de las finanzas. Trichet dibujó en su intervención y diálogo con los jóvenes un panorama lleno de incertidumbres.
Después, en una entrevista con EL PAÍS, el veterano banquero central citó tres motivos concretos de inquietud. Primero, “la incertidumbre geoestratégica completa, con todas las repercusiones que puede tener en la economía y las finanzas”. Específicamente, Ucrania y Próximo Oriente. “Los europeos nos encontramos en una situación anormal de pasividad obligada porque no estamos unidos políticamente”, advirtió antes de rematar: “Y esto me parece muy grave”. Segundo motivo de inquietud: el sobreendeudamiento, superior al de la crisis de 2007 y 2009, lo que hace que “la economía mundial sea hoy más vulnerable, más susceptible de registrar crisis que entonces”. Señala también a la banca en la sombra, lo que denomina non-banks, entidades como los fondos de inversiones o los fondos especulativos, y que “no están convenientemente regulados”. Y tercera inquietud, el déficit de crecimiento y productividad en Europa: “Estados Unidos, pese a todos sus defectos, continúan agrandando la distancia respecto a Europa, no solo por el PIB total sino por el PIB per cápita”.






