Rubén Romero no olvida el día en el que una mujer de 86 años se echó a llorar durante una de las experiencias que organiza. Acababa de mirar por un telescopio, pero no hizo falta más para que se le saltaran las lágrimas a borbotones: “Me dio las gracias porque pensaba que no iba a poder ver algo tan espectacular antes de morirse”, cuenta a EL PAÍS. Un instrumento de observación y un observador es la estampa más habitual, la que a cualquiera se le viene a la cabeza cuando escucha hablar de astroturismo, pero no es ni mucho menos la única. Al abrigo de un crecimiento exponencial tras la pandemia, el sector ha diversificado su oferta y cada vez más empresas incluyen experiencias innovadoras que recorren de una punta a otra la geografía española. “Tienes mil cosas que hacer relacionadas con las estrellas. La gente flipa cuando lo conoce”, comenta Romero.
Su empresa, Orión Astronomía, una de las más grandes de España, pone el foco en el atractivo turístico sin perder de vista la divulgación. Con sede en Madrid, organiza tanto experiencias astronómicas puras en la capital como actividades de astroturismo por todo el territorio nacional. Desde el Monfragüe hasta la zona del Alto Tajo de Guadalajara, pasando por la Sierra de Gredos. Su objetivo: que los clientes conozcan también de noche “zonas que son patrimonio natural de nuestro país”. Para ello, la empresa integra las observaciones en experiencias muy variadas, entre las que se encuentran degustaciones de aceite de oliva virgen extra en almazaras o actividades deportivas con parapente. Con el atardecer sobre sus cabezas, unos vuelan mientras otros les observan desde abajo con telescopios terrestres o miran al sol con telescopios solares. “Muchas veces hacemos un espectáculo teatralizado. El objetivo es que la gente venga a disfrutar y que cuando vuelva a casa se dé cuenta de que ha aprendido un montón de cosas casi sin querer”, explica.








