Hace un año, precisamente en Mugello, Ducati rompió a última hora su acuerdo verbal con Jorge Martín para no perder a Marc Márquez. Los máximos responsables de la fábrica de Bolonia, absoluta dominadora de MotoGP en los últimos tiempos, temían que el ocho veces campeón del mundo decidiera pasarse a la competencia después de su renacimiento físico y deportivo a manos del equipo Gresini, equipo cliente de la marca. El catalán había lanzado un ultimátum público a su llegada al circuito toscano, la prueba de casa para los ducatistas: el asiento del equipo oficial o nada. Y así fue.

Un año después, el 93 luce los colores de la escuadra de Borgo Panigale para la disputa del GP de Italia, donde no tan solo comparece a la cita como líder destacado del certamen, sino como cabecilla del garaje que comparte con el tricampeón Pecco Bagnaia, hasta ahora referente absoluto y todavía el hombre de los récords para la casa italiana. “Marc está cumpliendo con todas nuestras expectativas”, apunta Davide Tardozzi, jefe del equipo oficial Ducati, en conversación con EL PAÍS. “Con Pecco necesitamos darle aquello que necesita para recuperar la confianza y que pueda disputarse las victorias con Marc”, añade el expiloto de 66 años, el principal encargado de gestionar y engrasar las dinámicas grupales de la fábrica que marca el paso en MotoGP.