Mariana Alessandri (Nueva York, 1975) se define como filósofa, profesora, activista accidental, madre y “defensora de los estados de ánimo oscuros”. Y lo explica: desde la Antigüedad y los primeros pensadores griegos, la oscuridad y lo negativo se ha percibido como algo indeseable. Una percepción que los manuales de autoayuda, la psicología moderna y la publicidad han intensificado: ser feliz y optimista es lo correcto, estar enfadado o triste es un fracaso. En Visión nocturna. Un viaje filosófico a través de las emociones oscuras (Koan) rompe una lanza en favor de esas emociones. La ira, la ansiedad o el duelo no son algo de lo que avergonzarse. Son parte de nosotros, nos ayudan a crecer, aportan información valiosa y son un componente imprescindible de lo que nos hace humanos.

Alessandri, de padres chilenos y enamorada de Unamuno y los existencialistas, reside junto a su familia en el valle del Río Grande, en Texas, en cuya Universidad enseña Filosofía. La feminista ha fundado junto a su marido una ONG para asistir en la enseñanza bilingüe. Hablamos con ella en Washington, adonde ha viajado para presentar su libro. Llega vestida de negro —una reivindicación más de lo oscuro—, armada de pliegos de notas para no olvidar un solo detalle, y reconociendo que la ansiedad, una de esas emociones negativas que defiende, le ha hecho levantarse a las cinco de la madrugada para preparar esta entrevista.