España ha abierto ya el debate que ocupará la cumbre de la OTAN que se celebra en La Haya la próxima semana. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comunicó este jueves por carta al secretario general de la organización, Mark Rutte, que España no está en disposición de comprometerse a un aumento del gasto de defensa que suponga el 5% del PIB nacional para los próximos 10 años, tal como exige el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y ha aceptado acríticamente el primer funcionario de la Alianza. La carta quiebra la estrategia de Rutte, que pretendía obtener un consenso sin discusión sobre el texto de la declaración final de la cumbre.

Las tareas actuales de la OTAN tienen poco que ver con el arbitrario objetivo del 5% de gasto para 2035, un señuelo que de facto es una forma de asentir a la concepción mercantilista de Trump, que entiende la relación transatlántica como una compraventa de seguridad —ventajosa para él— en lugar de como una cooperación multilateral entre países soberanos con valores e intereses compartidos.

En su carta, Sánchez reafirma la disposición de España a aliviar la carga ocasionada por la guerra de Ucrania y el compromiso con la seguridad colectiva europea. Pero, con razón, recuerda que la OTAN tiene ya fijados para cada uno de los socios unos objetivos sobre capacidades militares. Establecidos por los mandos estratégicos cada cuatro años y asimétricos por definición, junto a esos objetivos se marcan también distintos niveles de gasto según el país. En marzo, se determinó que, si bien en algunos casos ese gasto necesita alcanzar el 5% del PIB, en el caso de España se requiere un 2,1%.