El libro de Christopher Isherwood salió publicado en castellano bajo el título de Adiós a Berlín, y fue traducido por Jaime Gil de Biedma bajo la tutela del editor Mario Muchnik. En sus páginas se percibe la llegada del nazismo con toda su parafernalia, su terror e ideario. Pero vamos a situarnos. ...
Porque la historia que hoy traemos hasta aquí tiene que ver con la catástrofe que supuso el nazismo y arranca mucho antes de su aparición, un 6 de julio de 1885, cuando Joseph Meister —niño de 9 años— fue mordido hasta los huesos por un perro rabioso al que antes había provocado con un palo. Con este cuadro, el niño fue llevado hasta un pequeño laboratorio parisino situado en la calle Ulm para ser curado por el doctor Louis Pasteur que fue quien lo atendió. Y en su diario apuntaría:
“Gravemente mordido en el dedo índice de la mano derecha, en los muslos y en la pierna por el mismo perro rabioso que destrozó sus pantalones, le tiró al suelo y le hubiera devorado si no hubiera sido por la llegada de un albañil armado con dos barras de hierro que le abatió”.
Por aquel entonces, Pasteur llevaba tiempo trabajando en el desarrollo de una vacuna experimental contra la rabia y, hasta el momento, sólo la había probado en roedores, perros y conejos. Pero como el virus avanzaba por el cuerpo de aquel niño, Pasteur decidió intentarlo antes de que comenzase a replicarse en el sistema nervioso. El tratamiento duró 10 días y fue inoculado “bajo un pliegue de la piel con media jeringa de médula espinal de un conejo, que había muerto de rabia”, según escribió el mismo Pasteur en su diario. El resultado fue positivo y aquella decisión le dio a Pasteur las garantías suficientes como científico para poner en marcha el famoso Instituto que llevaría su nombre.







