Rodri Hernández sustituyó a Foden en el minuto 60 del partido de debut del Manchester City en el Mundial de Clubes. Hacía una tarde brillante en Filadelfia y la afición roja del Wydad de Casablanca añadía colorido y música a las gradas interminables del Lincoln Field. Sobre la hierba se disputaba un partido de bajas revoluciones desde que Foden y Doku adelantaron al City en la primera parte. Con los marroquíes medio resignados, el vigente Balón de Oro dispuso de un ecosistema favorable para volver a maniobrar en el eje del campo, devolviendo a su equipo la clase de presencia reconfortante que aseguran los futbolistas que mucho antes de recibir el balón ya han resuelto en su mente el problema de la jugada. El retorno del madrileño de 28 años fue la mejor noticia que podía recibir el equipo de Guardiola desde que el 22 de septiembre del año pasado se rompiera los ligamentos cruzados de la rodilla derecha.

Guardiola advirtió en la víspera que este Mundial no es la última oportunidad de revancha que presenta la temporada 2024-25, la más frustrante de su carrera, la peor que completa el club desde 2016. El técnico advirtió que contra el Wydad comenzaba una nueva era. Un ciclo de regeneración cuyo primer capítulo fue el regreso de Rodri. Su alineación con Reijinders y Gündogan en el mediocampo tuvo carácter ritual. En la sala de máquinas solo faltó Bernardo Silva, al que Guardiola dio descanso para recuperarle. Venía de disputar dos partidos de máxima intensidad con Portugal en la Nations League. No se puso las botas contra el Wydad pero será una pieza capital en el nuevo proyecto. Tras la despedida amistosa de Kevin de Bruyne, el portugués de 30 años asume formalmente la condición de líder moral del vestuario. Lo avisó Guardiola el martes.