Las crecientes amenazas en un mundo cada vez más inestable, unidas a la persistente duda sobre si Estados Unidos sigue y seguirá siendo un aliado fiable, están acelerando alianzas alternativas en materia defensiva y seguridad —además de económicas— entre las principales democracias del mundo. La última es el acuerdo alcanzado —al término de la cumbre del G-7 en Canadá— entre la Unión Europea y Australia, que han decidido que negociarán un acuerdo de defensa similar al que ya han suscrito los Veintisiete con el Reino Unido, Japón y otros socios extracomunitarios y que también está negociando con Ottawa.

El anuncio de este nuevo acuerdo de defensa, firmado después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, abandonara precipitadamente la cumbre de las siete potencias económicas por la crisis entre Israel e Irán, es más que oportuno para ambas partes. Más allá de las nuevas profundas preocupaciones e incertidumbres globales que genera el nuevo foco bélico en Oriente Próximo, el acuerdo llega pocos días antes del comienzo, el martes que viene, de la cumbre anual de la OTAN en La Haya, donde los aliados —y, muy especialmente, los europeos y Canadá— están muy presionados para aprobar un incremento del gasto en defensa de hasta el 5%, tal como exige el republicano.