Series como las dos temporadas de la italiana Bloque 181 (SkyShowtime) ofrecen informaciones colaterales de gran interés para conocer mejor los tiempos que vivimos. Y el primer dato a tener en cuenta es el del hacinamiento en la periferia de las grandes ciudades, en este caso Milán. Dicho de otra manera: la desmesurada codicia de los promotores inmobiliarios responsables de esos barrios periféricos en los que priman los beneficios sobre cualquier otra razón, algo que ya había denunciado en 1963

track-dtm=""> Francesco Rosi en su espléndido largometraje Las manos sobre la ciudad. Hablamos de barrios como los de Las 3.000 viviendas en Sevilla o los madrileños de San Cristóbal y San Blas. Y ahora los sociólogos deberían valorar la posible relación entre disparates urbanísticos y delincuencia juvenil.

Si usted nace, vive y crece en un entorno urbano agresivo; si, además, las opciones vitales que se le presentan son escasas y sombrías, y si los partidos políticos en el poder solo se acuerdan de usted en las breves campañas electorales, el instinto de supervivencia le sugerirá aliarse con quienes comparten situación, lo que llaman “pandilleros”. Conformado el grupo y aceptada la jerarquía del más fuerte, la serie italiana muestra la manera más rápida de obtener los recursos económicos necesarios: el tráfico de drogas, la venta al por mayor o al menudeo de cocaína y heroína, un negocio despreciado socialmente y con unos beneficios muy apreciados por banqueros. Un dato: el mercado de las drogas de la Unión Europea en 2021 tuvo un valor de venta al por menor de 31.000 millones de euros.