En el descomunal Rose Bowl de Pasadena, el costumbrismo de los prolegómenos del deporte estadounidense irrumpió en la presentación del Atlético de Madrid y del PSG. Llamados uno a uno, los jugadores, eran presentados al estilo NBA en su caminar solitario hasta el centro del campo. La parafernalia del way of life deportivo norteamericano fue uno de los actos que recalcaron a Diego Pablo Simeone y a sus futbolistas que el escaparate del oneroso Mundial de Clubes de la FIFA se ha instalado en un mercado por conquistar en el que los resultados y la imagen son el primer trampolín para filtrar la marca entre las potenciales apetencias de consumo de los aficionados al soccer estadounidenses.

La tunda recibida y la impotencia que mostró el Atlético para sortear la agobiante presión del PSG durante gran parte del encuentro fue presenciada en directo por 80.619 espectadores, récord de asistencia en 2025 a un partido tanto del Atlético como del PSG. En el duelo más estelar de esta primera fase de grupos el Atlético fue barrido por el campeón de Europa. El entrenador y sus jugadores han salido malparados de su estreno en la pasarela del rimbombante Mundial de Clubes.

La pelota es la principal delatora del mal juego y los futbolistas del Atlético la perdieron incluso en situaciones en la que no estaban agobiados por la jauría en la que el PSG convierte la recuperación. Futbolísticamente, no hay nada que haga más daño a los ojos de los hinchas propios y a aquellos a los que uno quiere sumar a la causa que un equipo que falla pases fáciles. “En el primer tiempo no jugamos como teníamos que haber jugado, ellos hicieron un gran partido, jugaron el encuentro que les hace sentir mejor. No pudimos asociarnos y provocar más ataques de los que nos imaginamos. La vez que pudimos hacerlo no marca Griezmann y ellos hacen el 2-0. Generaron una importante diferencia en el resultado”, comenzó analizando Simeone. “En el segundo tiempo, la entrada de Koke nos dio más juego para salir de las presiones y de la intensidad del rival, que es muy buena. Nos pusimos 2-1, pero el árbitro decidió no contar con ese gol y se hizo más complicado. Con la expulsión de Lenglet se complicó más. Ellos tienen un equipo muy joven, con gente que desborda y redondearon el resultado de gran forma”, abundó Simeone. Han sido muchas veces esta temporada en la que el técnico rojiblanco ha tenido que admitir que lo suyos jugaron mal en el primer tiempo.