Alberto Santacruz |
Mérida, 16 jun (EFE).- Cuando la autenticidad más absoluta del amor a la música y el combate a las adversidades se viste de negro elegante, la identidad lleva el nombre de Raphael, un artista cuyo regreso a los escenarios esta noche tras seis meses de lejanía no querida ha sonado a un canto a la vida.
Y es que Raphael, después de que le fuera diagnosticado un linfoma cerebral primario a finales del pasado año, ha vuelto a pisar un escenario y, para más inri (bendito), interpretar nada más y nada menos que 30 canciones, tantas como las veces que el público se ha puesto en pie para aplaudirle.
El teatro romano de Mérida ha visto temblar sus 2.000 años de antigüedad cuando el jienense, con solo 82, ha salido al escenario para desplegar su propia historia, esa que le ha encumbrado a ser, a seguir siendo aquel que cada noche lo sitúa como un eterno icono de la música. Raphael regresa a los escenarios en su «gran noche».
Y es que Raphael ha vuelto y eso es suficiente para que esta noche haya sido su gran noche y las caveas del teatro emeritense -en las que no cabía un alma más- han sido testigos de ello junto a un público entregado, agradecido, expectante y hasta corista.






