Han pasado ya más de dos años desde que el Consejo Europeo solicitase al ex primer ministro italiano Enrico Letta, un informe sobre el futuro del mercado único. El encargo venía motivado por el preocupante atasco del proyecto europeo y la pérdida de peso de la Unión frente a Estados Unidos y China. Letta entregó puntualmente su trabajo, titulado Mucho más que un mercado, en abril de 2024 con una propuesta muy concreta: movilizar los 33 billones de euros del ahorro privado europeo para financiar las transiciones energética y digital. Aportaba un dato inquietante: Europa pierde cada año 300.000 millones de euros de ahorro de las empresas y familias que se dirigen a inversiones en Estados Unidos.

Posteriormente la Comisión Europea encargó a Mario Draghi, también ex primer ministro italiano, otro estudio para mejorar la competitividad de la Unión. Su receta fue muy precisa y detallada en un completo documento que presentó en septiembre de 2024: Europa necesitaba entre 750.000 y 800.000 millones de euros adicionales en inversiones anuales para alcanzar sus propósitos geoestratégicos.

Europa tiene los mejores diagnósticos que conducen al mismo fin: más integración económica con consenso social. Pero pasa el tiempo y parece imposible derribar las fronteras para superar los planteamientos nacionales y acometer proyectos de dimensión europea.