La costa del municipio de Cartagena es de las más extensas, abruptas y variadas de la Región de Murcia. Una diversidad en la que inciden varios factores. Por un lado geográficos, como que le corresponda una parte de la laguna del mar Menor y la manga de arena que la cierra, o la presencia de unas montañas negras y resecas que no son más que la estribación oriental de la cordillera Penibética, que muere en cabo de Palos, y que provoca la existencia de acantilados, miradores y farallones donde no ha podido llegar el ladrillo. Y por otro, la presencia del puerto de Cartagena, base de la flota del Mediterráneo, que por razones de seguridad también frenó el avance de los resorts veraniegos en sus inmediaciones y que con sus baterías de costa y sus fortalezas pone una nota de arqueología militar en el paisaje. El resultado: infinidad de arenales, calas y recovecos que hacen las delicias de los amantes del mar y de la playa, de navegantes o de buscadores de soledad para la práctica del nudismo.
Empezando por el este, lo primero que aparece es la larga franja arenosa de La Manga (compartida con el municipio de San Javier), uno de los hitos geográficos más singulares de la costa española. La Manga es una barrera de arena natural que cerró la bahía de agua salada que ahora conocemos como mar Menor. Podría haber sido un paraíso, pero el sueño terminó —como tantos otros lugares de la costa mediterránea— enterrado bajo toneladas de cemento.






