Algunos medios de comunicación árabes difundieron hace unos días una noticia inusual: el cierre de un campo de refugiados en Rukban, una localidad jordana muy cerca de la frontera con Siria, donde hasta 100.000 personas llegaron a malvivir en lo que el ministro de Información del nuevo Gobierno sirio, Hamza Almustafá, describió como “un triángulo de la muerte que fue testigo de la crueldad del asedio y el hambre”.

La clausura de este asentamiento no solo ha significado la libertad para miles de sirios: también representa una de las realidades que describen el momento actual de los desplazados en el mundo: Por primera vez en más de una década se ha ralentizado el aumento del número de quienes se ven obligados a huir de sus hogares. Es solo un 1%, entre enero y abril de 2025, que es hasta donde llegan los últimos datos del Alto Comisionado de la ONU para los refugiados (Acnur), que este jueves publica su informe anual sobre desplazamiento, pero supone el primer cambio en una tendencia que siempre bate récords. La razón principal: el retorno a los países de origen.

Lejos de considerarlo una buena noticia, Acnur señala que nada debe empañar el hecho “inaceptable” de que en 2024 se registrara de nuevo un máximo en el número de desplazados y refugiados el mundo: 123,2 millones, el doble que hace una década y un 6% más que en 2023, aunque el pasado abril se hubiera reducido a 122,1 millones de personas por ese cambio de tendencia. Además, la disminución solo se ha registrado entre la población refugiada, pues los desplazados internos —quienes tienen que huir de su hogar, pero no llegan a cruzar las fronteras de su país— sí que aumentaron, hasta los 73,5 millones a finales de 2024.