Corea del Sur ha demostrado hace tiempo que es una notable potencia en la producción de largometrajes y series de televisión. Aún son recientes la multipremiada Parásitos o el indiscutible éxito de

a-link-track-dtm="">El juego del calamar, una aceptación popular que está unida a la difusión internacional que ofrecen plataformas como Netflix para una selección de las, por ejemplo, 120 producciones dramáticas para la televisión que se realizaron en 2022. Ahora llega Sin piedad para nadie, siete capítulos de una inagotable venganza de un antiguo miembro de una banda de criminales decidido a matar a todos los que intervinieron en la muerte de su hermano.

El protagonista llevaba 11 años alejado del mundo criminal, pero el asesinato de su hermano desencadenó una furia incontenible en la que el deseo de hacer justicia, su justicia, se entremezcla con un ajuste de cuentas con su pasado. Es pública la admiración que realizadores como Quentin Tarantino sienten por las ficciones surcoreanas, algo justificado si pensamos que Sin piedad para nadie, la serie creada por Choi Sung-eun y Yoo Ki-seong, deja a Reservoir Dogs, si hablamos de violencia filmada, a la altura de un ejercicio infantil de fiesta de fin de curso.