Cuando un atacante extorsiona a una víctima con un ransomware y logra un pago en bitcoins, la transacción queda registrada. Pero la cartera blockchain (wallet) receptora quedará marcada. Contiene dinero sucio, que los cibercriminales intentarán blanquear de múltiples formas. Esta es la última etapa para obtener rédito real de las estafas, los robos online y otros ciberataques.
El blanqueo del dinero procedente del cibercrimen se mueve en un entramado complejo de transferencias de dinero. Es un laberinto de transacciones de criptomonedas y conversiones entre criptodivisas y a monedas de curso legal. Así que los investigadores que persiguen el rastro de estos fondos tienen trabajo. “Al final esta actividad ha generado una economía sumergida, pero una economía global, increíblemente grande y compleja”, comenta Raúl Orduna, responsable de Seguridad Digital del centro tecnológico vasco Vicomtech. “Una vez que alguien ha realizado un ciberataque, la clave es cómo consigue acceder al dinero obtenido”.
En 2023, el blanqueo de fondos ilícitos vinculados a las criptomonedas habría ascendido a unos 22.200 millones de dólares, según los cálculos recogidos en el informe 2024 Crypto Crime Report, elaborado por Chainalysis, una compañía conocida por investigar amenazas en las redes blockchain. Sobre el año pasado, la misma entidad señala que el valor total transferido a direcciones blockchain —una especie de cuentas corrientes para almacenar criptomonedas— ilícitas sería de 40.900 millones de dólares, aunque se estima que podría llegar a 51.300 millones.








