Una de las anécdotas sobre Jackie Kennedy que siguen contándose en Nueva York tiene que ver con el Templo de Dendur: durante mucho tiempo, este edificio egipcio de más de dos mil años fue la lamparita de su mesilla de noche.
Tal y como suelen explicar los guías del MET al llegar a esta parte del museo, fue ella quien en su etapa de primera dama lo escogió como regalo de Egipto a Estados Unidos por la ayuda para salvar el patrimonio afectado por la presa de Asuán, y puesto que su piso de la Quinta Avenida daba a la sala acristalada donde fue instalado, solamente tenía que asomarse a la ventana de su dormitorio para verlo iluminado.
Pero había y hay muchas otras razones para envidiar la guarida de Jackie además de por estas vistas al Antiguo Egipto. Con los años, cada vez se le da más valor al hecho de que al igual que el resto del 1040 Fifth Avenue se trate de uno de los apartamentos que diseñó Rosario Candela, un arquitecto esencial en la historia de Nueva York al que, sin embargo, solo en los últimos tiempos se ha dado todo el crédito que merece. Él fue, para empezar, uno de los principales responsables de que las vistas de pájaro sobre Central Park se convirtiesen en uno de los bienes más preciados para la élite neoyorquina, porque los edificios que diseñó entre los años veinte y treinta eran tan cómodos y lujosos que pronto familias ricas como la de Jackie Kennedy no dudaron en cambiar sus mansiones por una vida con vecinos.






