La primera reacción a la noticia de la muerte de Frederick Forsyth (Ashford, Reino Unido, 1938), en Londres a los 86 años, es no fiarse: quizá sea otra trama suya. Hay que ver que escribió buenas novelas, de esas que no podías dejar de leer, con argumentos ágiles y muy documentados que mezclaban magistralmente ficción y realidad —se involucraba en la investigación de los temas hasta niveles realmente peligrosos para su integridad física— y que te arrastraban página a página. Muchas de sus historias (publicó más de 25 libros y vendió más de 75 millones de ejemplares en todo el mundo) han tenido versiones cinematográficas muy populares. Forsyth nos deja, además de sus novelas y relatos, una afirmación que marca nuestro presente y nuestro futuro: “Este es un mundo muy peligroso. Nadie está a salvo”.
El rey del thriller moderno, excorresponsal de guerra y exinformante del MI6, es el autor de escenas que han marcado nuestra imaginación de lectores y no nos abandonarán nunca.
Ahí está el final de Chacal, la novela de 1971 que le lanzó al estrellato (incluso se anunciaba por televisión al publicarse en España, algo insólito entonces, en 1973, con ¡Oh Jerusalén!, el libro crónica de Dominique Lapierre y Larry Collins), con el asesino profesional al servicio de la OAS del que solo conocemos su significativo apodo (luego tomado por otros) acodado en la ventana apuntando su artesanal rifle de francotirador a la cabeza de De Gaulle mientras el policía que lo persigue irrumpe en el piso franco pistola en mano. El Chacal ha conseguido hacer un primer disparo y ha fallado por la extravagante (para él) costumbre francesa de dar dos besos (al receptor de una medalla), lo que ha sacado la testa del general de la línea de tiro; está a punto de efectuar el segundo disparo, pero lo hace, girándose, al abrirse la puerta a sus espaldas, sobre el agente que acompaña al policía, que acaba abatiéndolo a su vez. Ese pasaje, que leíamos sin respirar (muchos en la vieja edición de la colección Reno de Plaza & Janés), marcó toda una forma de concebir la literatura policial o de espías, y la novela de suspense y de aventuras en general.











