La virgen de Guadalupe concentra sobre su imagen cualidades propias de una estrella pop: reúne cada diciembre a más de 10 millones de fieles que peregrinan hasta las afueras de Ciudad de México, a Tepeyac, para venerarla; y, a la vez, tiene el beneplácito de la Iglesia. Además, su estampa se reproduce casi de manera mecánica desde el siglo XVII no solo en piezas consideradas estrictamente artísticas —en España, por ejemplo, hay más de un millar—, sino también sobre materiales menos nobles como camisetas, llaveros, cuadernos… otra conquista, esta, la del turbocapitalismo.

El Museo del Prado va decapando todos estos relatos que se han configurado en torno a esta virgen en Tan lejos, tan cerca. Guadalupe de México en España, una exposición en la que Jaime Cuadriello, uno de los comisarios mexicanos de la muestra, sitúa a la virgen como clave en la configuración de “un imaginario atlántico”, haciendo saltar por los aires todas las fronteras, incluidas las que desde hace años señala el debate decolonial que atraviesa los museos de todo el mundo.

“El lenguaje artístico compone una realidad alternativa. El arte permite colonizar el imaginario colectivo, como hizo este culto mariano”, ha añadido el doctor por la Universidad Nacional Autónoma de México en la presentación de la muestra. Paula Mues Orts, doctora en el Instituto Nacional de Antropología del país latinoamericano y comisaria, ha abundado: “El debate de la descolonización es político y aquí estamos en uno artístico e histórico”.