Cuando se adquiere un producto, pocas veces se repara en todo el camino que ha recorrido para llegar hasta su destino. Pero ese trayecto está en el centro de una transformación clave para las empresas. En un mundo donde los consumidores exigen transparencia, los recursos son limitados y la reputación lo es todo, gestionar la cadena de suministro de forma sostenible se ha vuelto imprescindible. Se trata de una cuestión estratégica para las marcas y una enorme oportunidad para ser más competitivas, innovadoras y eficientes.

Los datos refuerzan esta tesis: hasta el 90% del impacto ambiental de una empresa proviene de su cadena de suministro, incluidas las emisiones de carbono, el uso del agua y la generación de residuos, recoge un informe de la consultora McKinsey & Company. El mismo estudio revela que las compañías que implementan prácticas sostenibles a lo largo de este proceso —que abarca desde el abastecimiento de materias prima hasta las devoluciones, la logística y el reciclaje— pueden reducir sus gastos operativos hasta un 16%. Otro análisis de la revista Harvard Business Review afirma que los negocios que desarrollan este tipo de medidas tienen un 47% más de probabilidades de aumentar su rentabilidad a largo plazo.