Sonríe el presente a Marcel Granollers y su socio, Horacio Zeballos, coronados por fin en un gran escenario después de seis intentonas por parte del español, la cuarta de la mano del argentino. Brincan y chocan el pecho los dos en el distinguido marco de la Philippe Chatrier, después de imponerse por 6-0, 6-7(5) y 7-5 (tras 2h 22m) a la dupla británica formada por Joe Salisbury y Neil Skupski. Redondea el barcelonés, pues, un expediente extraordinario, con títulos de todos los colores y uno tan representativo como el de París. No acertó a hacerlo en 2014, entonces aliado con Marc López, pero sí lo festeja ahora, a los 39 años y cuando la noche ya abraza con fuerza la ciudad. Se cierra un círculo.

Lo consiguen Granollers y Zeballos después de una buena dosis de suspense, porque parecían tenerlo más que controlado —hasta la fecha, solo se había registrado un rosco (6-0) en las finales de dobles, en 1991— y posteriormente, todo ha ido complicándose. Inferiores en el desempate de la segunda manga, se rehacen en la tercera y sortean un instante de máxima tensión en la tercera con esa bola de break (5-5) que finalmente desbaratan. Ahí se crece el argentino, “iluminado”, bromea él, por la placa de Rafael Nadal que luce a un costado de la red; por ahí, la meteórica llegada, raqueta metida a tiempo y el manotazo.