El peso de la vida se aliviana al darle espacio a la frivolidad más profunda. Por qué hacerse eco de los vaticinios fatídicos del ex-Anthropic Jacob Coxon o del paso de los joviales cachetes de Santi Siri por diversos streams para defender su proyecto filoperiodístico o de los daños comprobados con los que nos queman la cabeza cientos de contenidos hechos con la ayuda de la IA, si se la puede criticar por cosas más nimias. En la carrera de videojuegos de una universidad privada, un estudiante entregó a un colega un parcial de veinte páginas, pese a que no requería más de cinco para estar en condiciones de aprobar, ya que se evaluaban temas específicos con prescindencia de contexto histórico, social o filosófico. Mi colega advirtió la mano de la IA antes de leer. Aunque el pibe ni siquiera se había tomado la molestia de eliminar varias citas a Heidegger que no venían a cuento, el primer delator fue el punteo, marcando las hojas como disparos de bala.