Durante años hemos asociado el aprendizaje con una etapa concreta de la vida: estudiar una carrera, obtener un título y comenzar a trabajar. Pero la trayectoria profesional ya no funciona de esa manera. Una persona puede terminar la universidad a los 22 años y, diez o quince años después, encontrarse con nuevas herramientas, conocimientos y desafíos para los que su formación inicial no necesariamente fue suficiente.