En democracia todos tenemos cierta responsabilidad sobre lo que les pasa a los demás. Si bien ostentamos un nanopoder difuso, esa miga de influencia se suma a millones generando presión en un sentido u en otro. Por su parte, el periodista tiene un poco más de influencia y su habilidad profesional consiste en gestionarla. Ante democracias estresadas por un profundo malestar y donde muchos buscan liderazgos fuertes, esa influencia periodística puede defender la democracia o erosionarla.