Quienes creemos en la economía social de mercado —el modelo consagrado por nuestra Constitución— defendemos la inversión privada, la propiedad y la libertad de empresa, como pilares del desarrollo. Pero defender la empresa privada no es necesariamente defender el libre mercado. Defenderlo exige que otras empresas puedan entrar y competir. La competencia beneficia al consumidor —con mejores precios, calidad e innovación— y obliga a ser más eficientes para crear valor.