El ministro de Salud, Luis Dyer, ha propuesto replantear la descentralización de la gestión hospitalaria y devolver al Minsa la administración de los hospitales regionales. Su argumento es que, después de 25 años, el modelo no ha dado los resultados esperados. La propuesta merece discutirse, pero antes de volver a mover las competencias conviene entender qué ocurrió con el proceso de descentralización. El diseño original tenía una lógica razonable. La descentralización debía ser gradual y las funciones debían transferirse conforme los gobiernos regionales demostraran que tenían capacidad para asumirlas. En salud, la historia señala que entre 1989 y 1992, los servicios, el personal y el presupuesto fueron transferidos en casi todo el país a las administraciones regionales. Desde 1993 quedaron a cargo de los consejos transitorios de administración regional (CTAR) y, en el 2003, pasaron a los nuevos gobiernos regionales. A partir de entonces, lo que quedaba por traspasar eran algunas funciones que seguían centralizadas en el Minsa y los servicios de salud de la provincia de Lima a la municipalidad metropolitana.

Ante las declaraciones del ministro de Salud en la ciudad de Pucallpa donde señaló que la “descentralización no funcionó y que la educación y salud tienen que regresar a Lima…

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