El plan de diversificación económica de Arabia Saudí diseñado hace años pasaba por entrar con vigor en la industria deportiva. La monarquía absolutista, dispuesta a reducir su dependencia del petróleo y mejorar su imagen pública, invirtió grandes sumas de dinero en deportes como el boxeo, el fútbol o el golf. En este último caso, el dinero saudí provocó un cisma que dividió a los mejores golfistas del mundo, algunos de los cuales, como Jon Rahm, se unieron a la nueva liga apoyada por el fondo soberano del país árabe. Sin embargo, este tiro se ha desviado de tal manera del hoyo que esta competición avanza hacia la bancarrota.