El jefe de Estado defendió su derecho personal a profesar la religión católica, pero reconoció que la ceremonia pudo generar incomodidad u ofensa.

Aunque aseguró respetar la separación entre Iglesia y Estado, cerró su alocución con la expresión: “¡Que viva Cristo Rey!”.

El jefe de Estado defendió su derecho personal a profesar la religión católica, pero reconoció que la ceremonia pudo generar incomodidad u ofensa.