En Finlandia, las bibliotecas se valoran cada vez más no por la cantidad de libros que prestan, sino por cómo contribuyen al funcionamiento de la sociedad.

En Finlandia, las bibliotecas se valoran cada vez más no por la cantidad de libros que prestan, sino por cómo contribuyen al funcionamiento de la sociedad.

En una gélida mañana de enero en Helsinki, unas 20 personas se congregan frente a Oodi, la biblioteca central de la ciudad, esperando a que abran las puertas