Hay ciertos libros que uno consulta y otros que uno simplemente abre y mira. La Miscelánea Original de Ben Schott, un escritor británico nacido en 1974, pertenece a la segunda categoría: se abre por cualquier parte y casi de inmediato uno descubre que está leyendo algo que no necesitaba saber y que, sin embargo, habría sido una lástima no haber sabido antes. La lista parece inventada por alguien que hubiera decidido reunir todo aquello que una enciclopedia sensata habría descartado: la longitud de los cordones de los zapatos, las palabras más largas del inglés, los maridos de Elizabeth Taylor y los métodos de asesinato de las novelas de Miss Marple.Schott llama a todo eso una miscellany: una colección, mezcla o revoltijo de informaciones inútiles y diversas. El libro pretende recoger “los restos y desechos de la marea de la conversación”. No aspira a ser exhaustivo ni práctico. Aspira a algo mucho más extraño: ser esencial. La palabra esencial aplicada a semejante repertorio parece una provocación. ¿Es esencial saber cuánto mide un cordón de zapato? Umberto Eco, en un artículo de diciembre de 2004 publicado en L’Espresso a propósito del libro, llamó la atención precisamente sobre esto. La cultura, decía Eco, es también la capacidad de tirar aquello que no es útil o necesario. Y recordaba a Funes el memorioso, condenado a recordarlo todo: cada hoja, cada palabra, cada ráfaga de viento. Funes lo recuerda todo y precisamente por eso es, en la práctica, un idiota, bloqueado por su incapacidad para seleccionar y tirar. La observación de Eco introduce una sospecha. Quizá una miscelánea sea el reverso de Funes. Funes conserva todo; Schott selecciona. Funes no puede olvidar; Schott convierte el olvido en un método. El problema es que nadie sabe de antemano qué merece ser olvidado. Las civilizaciones enterraron toneladas de información y después han pasado siglos tratando de recuperar una pequeña parte de aquello que habían decidido tirar. Schott trabaja justamente en esa zona peligrosa: rescata cosas antes de que hayan sido completamente olvidadas. Su libro es un depósito de objetos encontrados en la memoria. Una página contiene los nombres de los siete enanitos; otra, las escalas del viento; otra, las palabras de origen extranjero; otra, la clasificación de animales de una supuesta enciclopedia china citada por Borges. El efecto es desconcertante: todas esas cosas parecen igualmente importantes durante los pocos segundos que dura su lectura. Después dejan de serlo.