El acuerdo entre México y Perú se sostiene sobre una fórmula sencilla: respeto y voluntad para reconstruir. Ambos gobiernos conservan sus propias convicciones

Ambos países reanudaron relaciones al coincidir en que el caso Castillo no valía un conflicto mayor, manteniendo intactas sus posturas originales

El acuerdo entre México y Perú se sostiene sobre una fórmula sencilla: respeto y voluntad para reconstruir. Ambos gobiernos conservan sus propias convicciones