El nuevo Congreso bicameral establece distintos caminos para aprobar una ley: desde un trámite ordinario que puede tomar hasta nueve meses hasta mecanismos de urgencia y exoneración que permiten reducir el proceso a días. Sin embargo, la falta de plazos para llevar los proyectos al Pleno deja en manos de la Junta de Portavoces una decisión clave: acelerar su aprobación o mantenerlos pendientes por meses o incluso años.