La imagen de 72.000 personas entrando precipitadamente en el enclave español de Ceuta desde el vecino Marruecos fue un crudo recordatorio de que una de las fronteras terrestres más sensibles de la Unión Europea se encuentra en el norte de África. El estatus de Ceuta y Melilla, otro enclave español dentro de Marruecos, ha sido motivo de una disputa política latente entre los gobiernos marroquí y español durante décadas. Marruecos reclama la soberanía sobre estas ciudades, mientras que España sostiene que forman parte de su territorio nacional tanto como Madrid. Durante siglos, las dinastías musulmanas que gobernaron el Magreb occidental y al-Ándalus controlaron Ceuta, hasta que el rey Juan I de Portugal la conquistó en 1415, un preludio de la expansión europea de ultramar. Cuando la monarquía portuguesa quedó bajo el control de los Habsburgo españoles en 1580, Ceuta también pasó a formar parte de ella. Tras la restauración de la independencia portuguesa en 1640, la ciudad se mantuvo leal a la monarquía española. Como observó el gran historiador francés Fernand Braudel, el Mediterráneo debe entenderse como un escenario históricamente interconectado, moldeado por intercambios migratorios, comerciales, culturales y políticos que preceden con creces al Estado-nación moderno. Desde esta perspectiva, el estrecho de Gibraltar no es simplemente una frontera, sino una zona liminal entre dos costas del mismo mar que han mantenido un contacto estrecho, aunque a menudo conflictivo, durante mucho tiempo.

La imagen de 72.000 personas entrando precipitadamente en el enclave español de Ceuta desde el vecino Marruecos fue un crudo recordatorio de que una de las fronteras terrestres…

Efectos de la crisis migratoria en Ceuta