El cuerpo todavía existe, y lo humano es posible. Esto no es una constatación postapocalíptica, solo la alegría de una evidencia. Me refiero al hecho que nos permite reencontrar la punta del ovillo de nuestra realidad: la gente salió a la calle para frenar la Ley de inviolabilidad de la propiedad privada. Los cuerpos se hicieron presentes. Los argentinos se manifestaron defendiendo a la Argentina de la ambición extranjerizante, ahuyentando a las polillas que agujerean nuestra trama. Estábamos aletargados sin saber cómo detener la brutalidad de algunos gobernantes, con sus senadores títeres, repartiendo el país al mejor postor. Las prioridades del gobierno ya no parecen ser las de sus votantes. Contradicción flagrante. Si las políticas implementadas por Milei no son representativas de la gente, ¿a quiénes está representando? La ley de tierras es complejísima, tiene muchos capítulos; se echaron atrás con el porcentaje, pero siguen vigentes por lo menos cuatro temas fundamentales. Parece ser una de las estrategias del gobierno, leyes ómnibus; una forma de conceder lo aparentemente primordial, para que pasen otros asuntos menos evidentes, no menos preocupantes. El fuego, la tierra y el agua.

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