La crisis desencadenada por la idea de crear una empresa para gestionar los mundiales acaparó el rechazo de todas las federaciones. El suizo busca hacer control de daños tras el mal paso.

Durante el Mundial 2026 aguantó las críticas, pero la tempestad de los últimos días está consumiendo el capital político de Infantino al frente de la FIFA.

Wenger y Grafstrom se rebelan contra el plan de Infantino para vender comercialmente el 20 % de los derechos del Mundial.