La Constitución no dice únicamente que el presidente gobierna. Dice algo mucho más exigente: representa a la nación. No representa a su partido, ni siquiera a quienes votaron por él. Representa a un país profundamente dividido, desconfiado y fatigado por años de enfrentamientos estériles. Esa representación no es una fotografía del día de la elección; es una tarea que debe construirse todos los días.