Las ciudades están pensadas para millones de personas, pero rara vez se pregunta cómo es la experiencia de cada una de ellas. El ruido de un cruce, la intensidad de una luz, la velocidad de una estación de transporte o un cambio inesperado en el entorno son parte de la coreografía cotidiana de la vida urbana. Para la mayoría de nosotros ese ritmo se vuelve casi automático, pero no todos experimentamos la ciudad de la misma manera. Para muchas personas dentro del espectro autista, la ciudad puede ser al mismo tiempo un espacio de descubrimiento y un entorno profundamente desafiante. Sin embargo, también puede convertirse en un lugar de aprendizaje, autonomía y oportunidades si está pensada desde la diversidad de quienes la habitan. Este libro nace desde ese lugar, desde esa pregunta: ¿cómo serían las ciudades si comenzáramos a diseñarlas considerando también la experiencia de las personas autistas?