“Tanto si vivimos como si morimos, que podamos hacerlo con los ojos abiertos” es una de las inolvidables frases que Homero coloca en boca de Odiseo, el veterano de la guerra de Troya que, tras un largo peregrinaje por un mundo plagado de desafíos, entiende que lo más valioso que posee es su hogar en Ítaca. La paradoja es que la valoración de un guerrero dispuesto a transgredir los códigos de la guerra antigua nace del incremento de la nostalgia en medio del trauma del conflicto bélico. Es así que el precio que Odiseo pagó por alcanzar el honor y la gloria fue muy alto y, en ese sentido, la profecía de Calipso –quien le augura que “deberá llenar su corazón de tristeza” antes del regreso– es sumamente certera. Porque no cabe duda de que una de las mayores lecciones de esta extraordinaria obra de Homero reside en señalar el efecto transformador que ocurre en la conciencia humana luego de una experiencia límite, como es la guerra.

“Me gusta pensar que Homero estaría contento al saber que las aventuras de su imperfecto (porque lo era) Ulises nos siguen dando que pensar”.

“Tanto si vivimos como si morimos, que podamos hacerlo con los ojos abiertos” es una de las inolvidables frases que Homero coloca en boca de Odiseo, el veterano de la guerra de…