La proyección para 2026 profundiza una tendencia iniciada con la paralización de la obra pública nacional en 2024 y consolidada durante 2025. El recorte sobre rutas, viviendas, escuelas, hospitales, obras hídricas y redes de saneamiento permite mejorar las cuentas inmediatamente, pero deteriora la productividad y multiplica las desigualdades territoriales.