Nunca fue fácil, pero los lugares para amar escasean entre la crisis de la vivienda, las apps y un urbanismo que ha olvidado la intimidad: el deseo se refugia en coches, portales y baños públicos
Nunca fue fácil, pero los lugares para amar escasean entre la crisis de la vivienda, las apps y un urbanismo que ha olvidado la intimidad: el deseo se refugia en coches, portales…